martes, 29 de noviembre de 2016

REBELION APRISTA –TRUJILLO

La noche del 24 de diciembre de 1931, algunas señoras sacaban el pavo del horno en Trujillo.
De pronto comenzaron a escucharse estallidos de metralla. En la silenciosa ciudad de entonces, habló y resonó la muerte, y todos la escucharon durante 30 minutos que se hicieron eternos. En el local del APRA, situado enfrente de la catedral, centenares de familias se habían congregado para gozar de una cena pascual. Sin embargo, el correteo de los niños y los villancicos fueron de súbito interrumpidos por el seco tableteo de las ametralladoras. El gobierno del comandante Luis M. Sánchez Cerro había decidido amedrentar a los ciudadanos que creyeran en la necesidad de un cambio radical en la injusta sociedad peruana. La central nacional de los trabajadores había sido cerrada. Víctor Raúl Haya de la Torre fue encarcelado. Otros luchadores sociales sufrían persecución o eran víctimas de secuestros y asesinatos.
Aquella noche en Trujillo, el ejército irrumpió por la cocina en el local aprista. Ametrallaron a las mujeres que preparaban la cena pascual. Igual suerte corrieron sus compañeros y sus hijos pequeños. Hubo decenas de muertos y heridos. Ello explica en parte lo que ocurrió en la ciudad norteña el 7 de julio de 1932. El pueblo se levantó allí contra la dictadura. Manuel “Búfalo” Barreto, un obrero de la caña de azúcar, capitaneó la rebelión. Armados de machetes, los campesinos de Laredo tomaron el cuartel y se apoderaron de los cañones. Por desgracia, el “Búfalo” cayó atravesado por una bala al entrar a la cabeza de los suyos. En el mando, le sucedió Alfredo Tello Salaverría, una valiente maestro de escuela de apenas 23 años. Luego se alzó la bandera roja sobre la prefectura y el pueblo se movilizó para defender la ciudad y gozar de la libertad recién ganada. Otras localidades se plegaron a la revolución.
La semana de la utopía, la historia se detuvo y Trujillo vivió en medio de sueños. En las calles, desapareció el trato de “usted” y todos se llamaban “compañeros”. Los universitarios apostaban a que la suya iba a ser una revolución tan trascendente como la de México o la de Rusia.
El ejército atacó la ciudad por aire, mar y tierra. Todos se aprestaron a vivir los escasos días de la libertad entre las barricadas de una ciudad rebelde. Una sola mujer, “La laredina”, contuvo a un ala del ejército. Los trujillanos ganaron una batalla tremenda en La Floresta.

A la hora de su triunfo, las fuerzas del gobierno fusilaron a unas cinco mil personas, y se inició una persecución feroz que duraría décadas. Y sin embargo, en la cárcel, en la pobreza o en el exilio, los sobrevinientes guardaron como un tesoro su esperanza.

REFORMA UNIVERSITARIA DE 1918



En 1918 hacía ya dos años que había asumido en Argentina el primer gobierno democrático (sufragio universal masculino) liderado por el presidente Hipólito Yrigoyen de la Unión Cívica Radical. Córdoba tenía una antigua universidad, fundada por los jesuitas en tiempos de la colonia española, en la que se mantenían aún características elitistas y clericales. Los estudiantes universitarios de Buenos Aires, La Plata y Córdoba, pertenecientes a familias de una reciente clase media formada a partir de la gran ola de inmigrantes europeos o sus descendientes, venían organizándose en centros de estudiantes por facultad desde principios del siglo XX y comenzaban a exigir reformas que modernizaran y democratizaran la universidad. Los centros de estudiantes se habían organizado a su vez en federaciones (Tucumán, Córdoba, La Plata y Buenos Aires) y en abril de 1918 fundaron la Federación Universitaria Argentina (FUA), como organización gremial representativa del estudiante argentino.A fines de 1917, una ordenanza de la Universidad de Córdoba suprimiendo el internado en el Hospital de Clínicas dependiente de la Universidad, desató el descontento de los estudiantes cordobeses que solicitaron a las autoridades universitarias la revisión de las medidas. El 20 de marzo el Consejo Superior resolvió «no considerar ninguna solicitud» y el 31 de marzo los estudiantes declararon una huelga general y pidieron la intervención de la Universidad por el gobierno nacional. El 15 de junio fue el día del estallido. Elegidos ya los decanos, correspondía a la Asamblea Universitaria integrada por la totalidad de los docentes, designar al rector. El candidato estudiantil era Enrique Martínez Paz y el de los sectores tradicionales de la Universidad de Córdoba, Antonio Nores, miembro de la asociación ultra conservadora conocida como Corda Frates. Hubo dos votaciones y ninguno obtuvo mayoría absoluta. Se hizo una tercera en la que resultó ganador Nores, lo que desató la rebelión de los estudiantes que ingresaron a la sala de reuniones obligando a interrumpir la Asamblea, sosteniendo que había sido manipulada por los jesuitas, que constituían el poder de hecho en la Universidad. Finalmente Nores renunció e Yrigoyen volvió a intervenir la Universidad de Córdoba. El nuevo interventor fue José S. Salinas, ministro de Justicia e Instrucción Pública del gabinete de Yrigoyen, mostrando así la importancia nacional que había adquirido el conflicto. Se suscribió un decreto de reformas el 12 de octubre de 1918, que contempló ampliamente los reclamos estudiantiles. Muchos de los líderes estudiantiles, como Deodoro Roca, ingresaron a la Universidad.

BIOGRAFÍA DE PANCHO VILLA


Su verdadero nombre fue Doroteo Arango Arámbula y cuando combatió en la Revolución Mexicana fue apodado como "Centauro del Norte". Nació el 5 de junio de 1876, en Durango (México). Sus padres fueron Agustín Arango y Micaela Arámbula.
De niño se ganó la vida en diversos oficios. De joven se involucró en bandas que robaban ganado y fue perseguido.
En 1910, ya era líder de una partida de bandoleros, con los cuales se unió al movimiento de Francisco Madero para derrocar a Porfirio Díaz. En 1913 se unió a Venustiano Carranza para combatir a Victoriano Huerta. En 1914, rompió con Carranza, y se unió a Emiliano Zapata, pero algunas derrotas lo obligaron a refugiarse en Chihuahua. Desde 1916 fue atacado por las fuerzas de EE.UU. y las de México.

En 1920, firmó la paz con el presidente Adolfo de la Huerta, y se retiró a Durango. Sin embargo, los terratenientes mandaron asesinarlo. Murió abaleado el 20 de julio de 1923 en Hidalgo del Parral (norte de México).

PRIMER GOBIERNO DE LUIS MIGUEL SÁNCHEZ CERRO


En 1930 se alzó, junto con otros militares, contra el presidente Augusto B. Leguía y fue elegido por un grupo de los insurrectos, como presidente provisional el 27 de marzo de 1930. Sin embargo, su elección no fue aceptada por los otros caudillos militares.
Al año siguiente convocó a elecciones, dejando el poder en manos de monseñor Mariano Holguín, jefe de la iglesia católica peruana, el 1 de marzo de 1931.
Esto fue aprovechado por el general Ricardo Leoncio Elías Arias, quien depuso a Mariano Holguín y ejerció el cargo por cuatro días, siendo igualmente defenestrado por el general Gustavo Jiménez, quien tuvo el cargo por cinco días.

Jiménez dejó el cargo en manos del viejo y respetado político montonero, David Samanéz Ocampo y Sobrino, quien finalmente pacíficó el país y convocó a elecciones, las que ganó Sánchez Cerro en una cuestionada elección.

FIN DEL ONCENIO DE LEGUIA

En 1929 se produce una crisis económica generada por el colapso de la Bolsa de Valores de Nueva York, el 24 de Octubre (“Jueves Negro”) que en el Perú se manifestó como señala Julio Cotler: “con los enclaves mineros y agrícolas despidiendo a más de la mitad de sus trabajadores y los salarios se reducen en proporción análoga y los algodoneros suspendieron el enganche de cerca de 40000 campesinos”, además se produce una quiebra en el Banco del Perú y Londres, desempleo en los trabajos urbanos, reducción de demanda de alimentos que afecto a terratenientes y comunidades indígenas.
En la mañana del 22 de Agosto de 1930 se sublevó la guarnición de Arequipa, encabezada por el comandante Luis M. Sánchez Cerro, que pronunció un discurso, donde justificaba y anuncia su levantamiento, el cual fue  redactado por José Luis Bustamante y Rivero.
Leguía recibe la noticia el 24 de Agosto reuniéndose por la mañana con su gabinete para organizar un ministerio militar y dimitir en el Congreso. Se formo una Junta de Gobierno presidida por el general  Manuel María Ponce.

Leguía se embarca en el Callao en el crucero Grau rumbo a Panamá, pero fue obligado a retornar, siendo trasladado a la isla de San Lorenzo, con su salud muy quebrantada, luego ingreso a la Penitenciaría y se le traslado a la clínica naval de Bellavista falleciendo el 6 de Febrero de 1932, tenía 69 años.

LA CHILENIZACION


Chilenización de Tacna, Arica y Tarapacá es la denominación utilizada para designar un proceso de transculturación o aculturación de las zonas ocupadas, administradas e incorporadas por Chile, tras la Guerra del Pacífico (1879-1883), con la finalidad de trasplantar las tradiciones culturales chilenas, en reemplazo de aquellas cultivadas en Perú.
En el Tratado de Ancón de 1883, la República del Perú cedió a la República de Chile, «perpetua e incondicionalmente», el territorio de Tarapacá; además, se estipuló la posesión por Chile de las provincias de Tacna y Arica, que quedaron sujetas a la legislación y autoridades chilenas, por un plazo de diez años, al cabo de los cuales se realizaría un plebiscito que definiría el dominio y soberanía sobre estas últimas, este plebiscito no se realizó, finalmente el Tratado de Lima solucionó el asunto de la soberanía. Tanto Perú como Chile realizaron esfuerzos para intentar asegurar tales territorios y sus habitantes para sí.
El Estado chileno, por su victoria bélica, la ocupación y administración del territorio, pudo iniciar un amplio proceso de "chilenización" dirigido a la población local, interviniendo en las organizaciones privadas y públicas de la zona, utilizando como ejes a la escuela fiscal, el servicio militar y la labor de la Iglesia Católica. Perú, por su parte, recurrió a las autoridades eclesiásticas y sacerdotes peruanos, las escuelas privadas y los diarios, para frenar los planes del gobierno chileno.
A inicios del siglo XX la chilenización se hizo más intensiva y compulsiva, llegando a puntos exacerbados hacia el primer centenario de la Independencia de Chile, por la actividad de ciertos grupos de población civil chilena, de naturaleza nacionalista, que comenzaron la creación de "ligas patrióticas" y clubes de diversa índole, con la finalidad de hacer desaparecer los rasgos peruanos de los territorios de Tacna, Tarata, Arica y Tarapacá.

Estos hechos, tanto políticos como violentos, continuaron hasta la firma del Tratado de Lima, el 3 de junio de 1929.

INCIDENTE DE LETICIA


Incidente de Leticia, es el nombre con el que se conoce a un conflicto territorial ocurrido en la zona fronteriza de Perú y Colombia, que fue el detonante de la guerra entre ambos países de 1932 a 1933. Sucedió el 1 de septiembre de 1932, cuando un grupo de ciudadanos peruanos capturaron el puerto de Leticia (sobre el río Amazonas), que el Perú había cedido hacia pocos años a Colombia, según lo acordado en el Tratado Salomón-Lozano de 1922. Dicho poblado estaba habitado por peruanos que se negaban a aceptar la presencia colombiana y reclamaban al gobierno del presidente Luis Sánchez Cerro que revisara el tratado con Colombia.
Tuvo como antecedente al Tratado Salomón-Lozano, suscrito el 24 de marzo de 1922 entre el Perú y Colombia, por el cual se cedían inmensos territorios peruanos situados en el departamento de Loreto a Colombia, entre los que se hallaba el Trapecio Amazónico, con poblados como Leticia, a orillas del río Amazonas, donde vivían miles de peruanos.
En el Perú, dicho tratado fue mantenido en secreto durante más de cinco años, hasta el 20 de diciembre de 1927, fecha en que fue aprobado sorpresivamente por el Congreso Peruano, mediante Resolución Legislativa Nº 5940, ante una orden terminante del presidente Augusto B. Leguía. Tres meses después, en marzo de 1928, se produjo en Bogotá en canje de ratificaciones. Y finalmente, el tratado se consumó con la entrega física de los territorios, el 17 de agosto de 1930, a escasos días de la caída de Leguía. A partir de entonces, hubo roces entre peruanos y colombianos en la zona. Los peruanos sufrieron de hostilidad de parte de los nuevos ocupantes.